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Daniel Waksman y “Del campo al campo”.

Hablar de las fotografías de Daniel es hablar de su persona. Vive la fotografía y fotografía lo que vive. Con un talento natural y un estilo propio, se deshizo de la cámara réflex, del color y todo lo que le molestaba para expresarse y comenzó su propio camino. 

Fotos profundas, directas, crudas, marcan y reflejan el ritmo de su vida, de su paso por este mundo, de su interacción con el medio. Su familia se hace presente directa o implícitamente en cada imagen, reflejada en lo cotidiano, en su burbuja espacio – tiempo y en la interacción con sus vecinos.

Sus tomas registran una mezcla de instante con continuidad, de pausa con movimiento, de silencio con ruido. Lleva el mensaje a lo más simple, a veces a lo mínimo para que el espectador lo descifre a su manera, con la misma complejidad que él vio la foto antes de la toma. Enamorado de la estética retro del rollo, revive sus mejores aspectos para barnizar su imagen con pureza, pocos blancos, más bien negros, construye una imagen ruda que coloca al que mira, como partícipe de la escena.

En el trabajo de Daniel no hay espacio para cursilerías, apenas tiene tiempo para disparar su cámara. Se deshace de todo lo que enlentezca el proceso, lo mantiene simple. Tiene una visión amplia y profunda y con esto me refiero a su óptica, aunque pueda decir lo mismo, sin lugar a dudas, de su visión del mundo.

Marcelo González Calero.

Coach.

La siguiente muestra es una reconstrucción de mis experiencias durante más de un año de vida rural. Es una muestra que surge desde la relación inconsciente del Hombre con la naturaleza. Rescatada y reedificada desde mis registros fotográficos cotidianos y maquinales. Una mirada sesgada de la, a simple vista, monotonía de la vida en el campo, que se desovilla en una crónica de sucesos y experiencias que forman, valga la redundancia, la realidad real. La vida en el campo se antepone a las costumbres citadinas sin la menor compasión. Impone nuevos ritmos, nuevas formas de encarar la cotidianeidad y formas de entender el ocio. Al comienzo es inaceptable. Se presenta un rechazo que quizás provenga de la propia aversión del ser humano al cambio y a lo que no nos es habitual. Sin embargo, antes de que uno se lo imagine y casi sin darse cuenta, los ciclos circadianos se acostumbran a vivir con el sol y se comienza a aceptar y apreciar ese ritmo implacable pero que recompensa con un cansancio apacible que le da la bienvenida a la noche.

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Daniel Waksman

Daniel nace, en medio de un Montevideo alborotado, caótico y henchido de alegría, entre rumores de actos libertadores, en la madrugada y a escasos metros del obeliscazo, el 26 de noviembre de 1983. Quizás por eso, y de alguna rebuscada forma, el concepto de “libertad” se inoculó como uno de los principales valores primarios e intrínsecos del artista. La búsqueda personal y artística ha sido la de encontrar, documentar y luchar por la libertad en su sentido más amplio.

En 2008 publica su primer libro. Una recopilación de cuentos de varios autores que forman parte de un proyecto titulado “Proyecto 1711”.

En 2011 publicó el segundo, también una recopilación de cuentos de varios autores llamado “Pasadizos secretos”.

Circa 2011 llegó la fotografía para establecerse como el principal método de expresión artística y lo ha sido sin parangón desde entonces.

Su camino como fotógrafo ha sido autodidacta, experimental, y sobre todo, lento. Durante años fue un continuo proceso de ensayo, error y aprendizaje. Durante ese tiempo la fotografía fue de a poco pasando de ser un hobbie para convertirse en una parte esencial de su vida. En 2017, se topa con el documental “La sal de la tierra” y el trabajo del fotógrafo brasilero Sebastião Salgado. Ese fue el gran mojón en la forma de percibir y hacer fotografía de Daniel.

En 2019 se traslada al campo y durante un año y medio lleva adelante, sin saberlo aún, el proyecto hoy titulado “Del Campo al Campo”.

En 2021, incursiona por primera vez en la educación formal en las mentorías de la Escuela Aquelarre que le permiten decodificar, entender y terminar de enamorarse de su trabajo. De esta mentoría surgen proyectos como “Del Campo al Campo”

Ese año, es invitado a exponer en la Sala de Exposiciones Aurelio González de la escuela Aquelarre.